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PRODESE reivindica una nueva economía forestal que convierta el capital natural de la Serranía de Cuenca en empleo y oportunidades

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El gerente del Grupo de Desarrollo Rural, Víctor Alcocer, participó como ponente en el Curso de Verano de la UCLM sobre los retos del sector forestal en el siglo XXI

 

Los montes de la Serranía de Cuenca tienen un enorme valor ambiental, pero también un importante potencial económico que todavía no se está aprovechando plenamente para generar empleo y oportunidades en los pueblos.

Esta es una de las principales reflexiones que trasladó el gerente de la Asociación Promoción y Desarrollo Serrano (PRODESE), Víctor Alcocer, durante su participación como ponente en el Curso de Verano de la Universidad de Castilla-La Mancha ‘Retos del Sector Forestal en el siglo XXI. Perspectivas desde la Ingeniería Forestal y de Montes’, celebrado en Palomera.

Alcocer recordó que “la Serranía de Cuenca ha sabido conservar sus montes durante generaciones” y apuntó que “el reto del siglo XXI es conseguir que esa conservación vuelva a generar actividad económica, empleo y población” y para ello “necesitamos gestionar y aprovechar el monte, no abandonarlo”.

En este sentido, insistió en que “tenemos un enorme capital natural que genera muchísimos beneficios para la sociedad, pero sólo una parte insuficiente de ese valor se convierte en renta, empresas y empleo para las personas que viven en el territorio que lo conserva”.

Frente a la idea de que conservación y aprovechamiento son conceptos contrapuestos, PRODESE defiende una gestión forestal sostenible capaz de compatibilizar ambos objetivos. “Conservar no puede significar abandonar. Y aprovechar no puede significar esquilmar. Entre ambos extremos está la gestión”, afirmó Alcocer.

Una gestión adecuada de los montes permite actuar sobre la vegetación, prevenir incendios, mantener infraestructuras, favorecer la ganadería extensiva y desarrollar aprovechamientos compatibles con la conservación. Pero, además, puede generar actividad económica y empleo. “Si queremos que nuestros pueblos tengan futuro, necesitamos que haya personas que puedan vivir y trabajar en ellos. Y para eso tenemos que ser capaces de generar actividad económica a partir de los recursos que tenemos”, apuntó.

Una nueva economía forestal

El gerente de PRODESE incidió en que el futuro no pasa por intentar recuperar exactamente la economía forestal de décadas atrás, sino por construir una nueva economía forestal adaptada al siglo XXI.

La madera seguirá teniendo un papel fundamental, pero junto a ella existen oportunidades en ámbitos como la biomasa, el aprovechamiento de restos forestales, la ganadería extensiva, los productos micológicos, la resina, otros productos forestales no maderables, el turismo de naturaleza, la tecnología aplicada al monte o la prevención de incendios. También existe un potencial creciente en torno a los servicios que proporcionan los ecosistemas forestales: captura de carbono, regulación del agua, protección del suelo, biodiversidad, paisaje o regulación climática.

Para PRODESE, el reto es conseguir que una parte de ese valor revierta en los municipios y las personas que mantienen y cuidan el territorio. “No se trata de cobrar por tener árboles, sino de establecer mecanismos rigurosos que permitan remunerar actuaciones y resultados ambientales verificables”, explicó Alcocer. A su juicio, esto permitiría que la conservación dejara de contemplarse únicamente como un coste y pudiera convertirse también en una fuente de actividad económica y empleo rural.

Otro de los mensajes centrales de la intervención fue la necesidad de que los recursos forestales no se limiten a ser extraídos del territorio, sino que generen una verdadera cadena de valor en la propia comarca. “No basta con movilizar madera. Tenemos que preguntarnos qué parte de cada euro generado por nuestros montes se queda realmente en la Serranía”, planteó. Por ello, desde PRODESE se apuesta por favorecer la transformación local de los recursos, de manera que la cadena pueda continuar en el propio territorio con nuevas empresas, actividad y empleo.

“Un territorio sin actividad económica termina perdiendo población, y un territorio sin población tiene muchas más dificultades para gestionar su patrimonio natural”, señaló Alcocer, quien apuntó que el futuro de los montes y el futuro de los pueblos están estrechamente relacionados. “Nuestro objetivo es conseguir que dentro de treinta años tengamos mejores montes que hoy y, al mismo tiempo, más personas viviendo dignamente de ellos”, afirmó el gerente. “Eso es convertir nuestro capital natural en verdadero desarrollo rural”, concluyó.

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